Friday, December 24, 2010

Santa Claus - Una perspectiva ingenieril

I. Existen aproximadamente 2,000 millones de niños en el mundo. Sin embargo, como Santa no visita niños Musulmanes, Judíos ni Budistas, esto reduce su trabajo en la noche de Navidad en un 15% (o lo que es lo mismo, 378 millones). Con una tasa promedio de 3.5 niños por casa, se convierte en 108 millones de hogares (asumiendo que al menos hay un niño bueno por casa).

II. Santa tiene alrededor de 31 horas de navidad para realizar su trabajo, gracias a las diferentes zonas horarias y a la rotación de la tierra, asumiendo que viaja de este a oeste (lo cual parece lógico). Esto suma 967.7 visitas por segundo. Como quien dice, que para cada casa Cristiana con un niño bueno, Santa tiene alrededor de 1/1000 de segundo para estacionar el trineo, bajarse, entrar por la chimenea, llenar las botas de regalos, distribuir los demás regalos bajo el arbolito, comer los bocadillos que le dejan, trepar de nuevo por la chimenea, subirse de nuevo al trineo y llegar a la siguiente casa. Asumiendo que cada una de esas 108 millones de paradas está distribuida geográficamente (lo cual, desde luego sabemos que es falso, pero lo aceptaremos para propósitos de nuestros cálculos), estamos hablando de alrededor de 1.248 kms entre casa y casa; un viaje total de 120.8 millones de kilómetros, sin contar descansos o paradas al baño. Esto significa que el trineo de Santa se mueve a una velocidad de 1,040 kilómetros por segundo; es decir 3,000 veces la velocidad del sonido. Para propósitos de comparación, el vehículo mas veloz hecho por el hombre, es el Ulysses Space probe, que se mueve a una velocidad de 43.84 Km/s, y un Reno convencional puede correr (como máximo) a 24 Km. por hora.

III. La carga del trineo añade otro elemento interesante. Asumiendo que cada niño sólo pidió un juguete de tamaño mediano -como un paquete científico "Mi Alegría" (1 Kg), el trineo estaría cargando más de 500,000 toneladas (sin contar a Santa). En tierra, un reno normal no puede acarrear más de 150 Kg. Aun asumiendo que el reno "volador" pudiera jalar diez veces el peso normal, el trabajo no podría ser hecho por 8 o 9 renos. Santa necesitaría 360,000 de ellos, lo que incrementa la carga (sin contar el peso del trineo), otras 54,000 toneladas, algo así como 7 veces el peso del Crucero del Amor.


IV. Un cuerpo de 600,000 toneladas viajando a 1,040 Km/s crea una resistencia al aire enorme, lo que calentaría los renos de la misma forma que se calienta la cubierta de una nave espacial al ingresar a la atmósfera terrestre. Los 2 renos de hasta el frente, absorberían 14.3 quintillones de joules de energía por segundo cada uno, por lo que se calcinarían casi instantáneamente, exponiendo a los renos siguientes y creando ensordecedores "booms" sónicos. El equipo entero de renos se vaporizaría en 4.26 milésimas de segundo, o mas o menos cuando Santa llegara a la casa visitada no. 5. Si no importara todo lo anterior, el resultado de la desaceleración (frenado) de 1,040 Km/s en 0.001 segundo, Santa estaría sujeto a fuerzas centrifugas de 17,500 g (o 17,500 veces la fuerza de gravedad). Y si Santa pesara 150 Kg. (que, por lo gordito y rosado, resulta un peso adecuado), se incrustaría en el frente del trineo con una fuerza de 2,315,015 Kg-fuerza, rompiendo instantáneamente sus huesos y sus órganos, reduciéndolo a una masa amorfa aguada y temblorosa.

V. Si Santa existía, HOY está muerto.

Monday, September 27, 2010

Oye, amor...

- Oye, amor, muchas gracias por traerme al estadio. ¿Te dije que nunca había venido antes? Esto del futbol no es tan malo como pensaba. Y no está tan aburrido. ¿Ya viste las fachas de la chava de allá? ¡Qué horror! ¿A quién se le ocurre venir con botas a ver un partido? ¿Amor?… ¡amoooor! Ay, perdón, no quería distraerte, ¡pero es que no me hacías caso, baby! Además, ni fue gol. Mmmh… ¿o sí? No, ya están jugando otra vez. Bueno, entonces, como te decía, no entiendo cómo… oye… ¡oye! ¡Ash, ya nada, olvídalo!

- ¿Huh? ¿Qué olvide, qué? Perdón, pero… ¡tira, TIRA!

- Ya te dije, amor, que me gusta que me veas a la cara cuando me hablas. Sí, así. Gracias por consentirme, cosita. Pero, ¿no te distraigo, verdad? Oye, ¿por qué a ese anuncio le falta la “M”? Ahí, donde está el árbitro de allá, el que levantó la bandera. ¡Ah, ya vi! Parece que no sirve bien. Yo creo que ésos de allá son los que lo están reparando. Sí, ya sirve.

- ¡NOOOO…!

- No, ¿qué? ¿Qué tienes, amor? Ash, es que me distraje. Dime, ¿qué pasó? ¿Fue esa cosa del “fuera de su lugar” que me explicaste? ¡Pues que lo amonesten! Porque siempre los amonestan, ¿no? Y entonces tienen que tener más cuidado para que no les saquen la roja. ¿Viste cómo sí te hago caso cuando me explicas, cosi? ¡Ah, mira! Ya arreglaron el anuncio. Ya se ve bien la “M”. Bueno, ya no, porque ya cambió. A ver si ya lo ponen otra vez. Éste no me gustó, como que no le veo el chiste. Oye… si los anuncios están allá, entonces las cámaras tienen que estar arriba de nosotros, ¿no? Amor, nunca me dijiste si este partido iba a salir en televisión. Y si salgo con estas fachas, ¡qué horror! ¡Ah, sí! ¡Mira, mira! Allá está la cámara. Pero, pero… ¡no nos está viendo! A ver, ayúdame a gritarle. ¡Acá! ¡Acá! Baby, ayúdame. ¿Por qué no me haces caso?

- Mi amor, estamos viendo el partido…

- Ah, sí, cierto. Oye, amor, ¿te dije que me encantó que me invitaras al estadio? ¡Gracias! ¡Eres el mejor! ¿Me das un besito? ¡Anda!

- Claro, mi v… ¡GOOOOOOOL! ¡Noooo! ¡Y no lo vi! Pero, pero… ¡GOOOOOOOOL!

- Ay, sí, ¡gol! ¡Qué bueno! Pero no te preocupes, seguro ahorita lo pasan otra vez en las pantallas. ¡Mira, mira! ¡Ahí estamos! ¡Hola, mamá! Amor, ¡amor! Mira a la cámara. Mmmh… no, ya no. Ya están los jugadores otra vez. Bueno, a ver, mi vida, ¿me explicas otra vez eso del “fuera de su lugar”, porfis?

Thursday, July 22, 2010

Día 18 y último en Sudáfrica

Mi último día en Sudáfrica amaneció bastante soleado, pero con un viento muy frío. No quise hacer mucho, para tener tiempo de arreglar cómo llegar al aeropuerto sin gastar millones y millones y millones en taxis. Lo primero fue conseguir mi transporte, en el Centro de Visitantes de ahí cerca. No había podido apartar mi taxi de R100 desde ayer porque ya era muy tarde cuando llegué, como para que encontrara abierto. De hecho, lo intenté, pero me encontré no sólo con que ya no estaba abierto, sino que justamente en ese momento había una exposición fotográfica, aunque bastante agradable. Total, no pude ayer.

Valió la pena esperarme. Había mucha gente ese día que quería que la llevaran al aeropuerto. Como sólo me iba a gastar R200 en Gautrain + taxi, conseguí que me llevara el taxi hasta el aeropuerto, pero el mismo precio. Cargar tus maletas menos tiempo siempre es lo de hoy.

Todavía tenía dos pendientes antes de salir: deshacerme de una tarjeta telefónica y de mi celular. Yendo por partes: compré una tarjeta telefónica de larga distancia específicamente para llamar a México. Cuando lo intenté, resulta que servía como para 100 países, pero no para México. En fin, logré venderla en lo que me costó a SImon, en el hostal. A él sí le sirvió. Y el celular, lo necesitaba cuando llegué a Sudáfrica. Ahora, ¿para qué me lo llevaba a México? Entonces, lo ofrecí y lo ofrecí hasta que alguien en el Visitor’s Center lo quiso. Con lo que me dieron, casi casi como si fuera trueque, me llevé unos collares y todavía fui por una botella de vino.

(Paréntesis enológico: Aprendí que 2007 fue un muy buen año en Sudáfrica para el vino, así que todo vino cosecha 2007 que se encuentren los convertirá en la envidia de sus amigos, por ser grandes conocedores y escogedores de vino. Por cierto, también 2009 fue buen año, pero esos vinos todavía están muy jóvenes. Habrá que esperar un par de años más – Si dicen esto en voz alta, con aire de conocedores, obtendrán todavía mayores “Ooooh”s y “Aaaah”s).

Finalmente, al super, para gastar las últimas moneditas. Compré mis últimas Milk Tarts y todavía más especias.

(Paréntesis de cotidianeidad sudafricana: Cómo lavan los trastes. Hasta eso lo hacen diferente. Tienen dos tarjas y las dos las llenan con agua caliente. A una le ponen líquido lavatrastes y es ahí donde echan todos los trastes sucios, junto con un trapo (no usan fibras). Frotan los trastes sucios con el trapo, los enjuagan en la otra tarja y los ponen a escurrir. Si alguien de aquí lo intenta, le funciona, le dice a sus conocidos, lo comercializa y se hace millonario, no olviden dónde lo escucharon por primera vez. Si no les funciona, no importa si no me recuerdan).

Ya en el aeropuerto, entré a ver cositas a las tiendas de ahí. La zona de souvenirs/duty free es enormísima y hay unas tiendas muy grandes. El único problema es que los souvenirs cuestan un 250% más caros que lo que pagué por ellos. Y, aún así, están llenísimas. Una prueba más de que los tontos no son quienes poner los precios altísimos, sino los que los pagan con gusto. (¿A alguien le recordó a Ocesa y sus conciertos últimamente?)

Por tercera vez me tocó un Airbus de los nuevos (de esos de 580 pasajeros). Lo bueno de ese avión es que está nuevecito, tienes tele/centro de entretenimiento personal y todo eso. Lo malo es que, cuando aterrizas (en este caso, en París), tienes que pasar por inmigración junto con esas 580 personas, además de algún otro vuelo que haya llegado al mismo tiempo. Después de como una hora de espera para que me sellaran el pasaporte recogí mi equipaje y volví a documentarlo, esta vez, para Estocolmo, Suecia.

Pero, como dicen los clichés, esa es otra historia…

Monday, July 19, 2010

Día 17

El día empezó preguntando cómo llegar a algún lugar donde vendieran artesanías. En Port Elizabeth había encontrado por todos lados, pero no en Joburg. Entonces, medio me explicaron y lo demás lo tuve que averiguar. Porque había que ir en combi.

El primer problema que te encuentras es que no tienen letreros. Saber a dónde iban era un misterio, porque aparentemente todo el mundo lo sabe. El misterio resuelto es: para hacerle la parada a una combi, hay que señalar con los dedos el número de ruta que queremos. Si la combi va por esa ruta, se detiene. Así de simple. Otra cosa diferente es que los asientos están en 4 filas, todas viendo hacia el frente. Cuando se suben varios al mismo tiempo, entre todos los de la fila recolectan sus pasajes y se dan cambio. Ya consolidado el dinero, se lo pasan al pasajero que está junto al chofer, que lo ayuda a hacer cuentas y regresar cambios. Para bajarse, nada de “¿Me deja en el semáforo, por favor?” Simplemente dicen: “At the robot” y el chofer hace la típica maniobra de atravesarse 3 carriles en 5 metros para dejarlos bajar en el semáforo.

Transbordar ya es otra cosa, porque las combis llegan al centro, donde es un verdadero caos. Pero sólo hay que preguntar dónde sale nuestra combi y, como todo el mundo es muy amable, no es complicado. Sólo hay que perderle el miedo inicial al lugar. El miedo, mas no la precaución, ¿eh? Ser el único blanco caminando entre mareas de miles y miles de negros tampoco ayuda mucho a relajarse.

Al fin llegué a donde me mandaron, un mall donde estaba el African Market. Había muchísimas artesanías de todos los tipos, tamaños y colores que uno puede imaginarse, y también los que no. ¡Qué barbaridad! Y qué confusión. Tantas opciones que no hay manera de escoger algo. Y todos los vendedores son del tipo que insisten, insisten e insisten. Había joyería y animales de beadwork, esculturas de madera y de hierro soldado, pieles de animales, pinturas, escudos, máscaras, tambores, vestidos, camisas y etcéteras. ¿Por qué siempre necesito ayuda para escoger esas cosas?

Afortunadamente, con los 3 pesos que tenía para gastar todo se limitó a unas cuantas opciones. Pero, eso sí, quería todo. Me quedé con ganas de preguntarles para qué alguien querría un hipopótamo de madera de 80 kg, una máscara de madera de 2 metros o un grupo de 10 personitas de hierro soldado alrededor de una fogata, casi de tamaño natural y cómo se los llevan en el avión. Pero como son de esos vendedores atosigadores, que hasta te jalan para que veas su local, mejor ni pararse a preguntar.

Era mi última noche en Joburg y no quería gastar para salir en la noche, así que la opción fue el vino barabara de ayer. Entonces, un par de botellas, unas cervezas que alguien había llevado y la pasamos super a gusto en el hostal. Fue muy buena experiencia haberse quedado ahí (y, me imagino, como en casi cualquier otros hostal): siempre hay alguien con quien compartir el taxi, o ir a algún tour o museo o simplemente cenar, desayunar u lo que sea. Conocí a gente muy interesante, con quien me gustaría seguir en contacto, por lo menos, un par de mundiales más (Alan, Nish, Emilly, Ellen, Simon, Sam). Si van a viajar y no quieren gastar mucho, que no les dé miedo quedarse en un hostal. Realmente lo recomiendo. (Y no, no los van a descuartizar como en la película)

Saturday, July 17, 2010

Día 16

Museo del Apartheid. Me lo habían recomendado mucho y es parte de la historia moderna de Sudáfrica. Fui con Simon, de Inglaterra y resultó que la mejor forma de llegar era en taxi, así que compartimos el gasto. Resultó que el museo está justo enfrente de Gold Reef, el casino donde habíamos ido a ver el partido de Holanda-Brasil. Primero pensé que, de haber sabido, hubiera hecho el recorrido antes del partido. Pero no, fue mejor así, dedicar dos días para actividades no sólo cultural sino anímicamente diferentes.

El museo fue muy interesante. Mi única queja es que fue demasiada información. Obviamente el gobierno quiere que consideres cada aspecto de la vida de Mandela (Madiba, como le dicen allá), por minúsculo que sea. Pero es demasiado. No recomiendo saltarse la visita al museo, pero sí tomárselo más a la ligera.

La tele en este país es de lo más rara. Hay como 5 canales en la tele abierta y casi siempre hay alguno con programas en afrikaans (lo que hablan los blancos) o en zulu (lo que hablan la mayoría de los negros en esta zona). Lo extraño es cuando te encuentras con algunos programas en zulu e inglés, al mismo tiempo. Normalmente son telenovelas, donde hablan algunas frases en zulu y otras en inglés, de una manera notablemente aleatoria, al parecer. Entonces, aunque las frases en zulu están subtituladas al inglés, el resultado es una sensación muy extraña de medio haber entendido.

Ya no he mencionado nada acerca de las posibilidades de morir atropellado en este país porque, simplemente, es algo que sucede TOOODOS los días. Sigo (y probablemente seguiré) sin acostumbrarme a que los coches lleguen por donde menos lo esperas. Digo, antes de cruzar, volteas hacia un lado, luego hacia el otro y, justo cuando bajas de la banqueta, lo vuelves a hacer. Aún así, es de lo más común que pase alguna combi despeinándote las pestañas, aparentemente materializada de la nada. Qué confuso.

Para finalizar el día y para no gastar mucho en la noche, fui por algunas cervezas a la vinatería y nos las tomamos en el hostal. Con estos precios, hay que economizar en todo. Tanto, que me encontré un vino local, sin etiqueta, muy barato (R20). Se veía sospechoso, pero me dijeron que era muy popular ahí, que todo el mundo lo compraba y que, es más, me regresaban mi dinero si no me gustaba. Oquei. Me llevé una botella para probar.

No estuvo nada mal. Tal vez mañana pase por más.

Wednesday, July 14, 2010

Día 15

Mientras veía los vinos en una tienda de licores cercana (en este país se produce mucho vino y, si en México el vino sudafricano no es caro, aquí es bastante barabara), me encontré con algo diferente: un vino sin etiqueta. Y había muchísimas botellas de eso. No me quise quedar con la duda y pregunté, y resulta que es bastante popular porque, como no hay que pagar por la marca, sale muy baratísimo: R20; es decir, unos 34 pesos (a estas alturas se que ya no debería hacer falta poner la conversión, pero sé muy bien que la flojera puede más que la capacidad de multiplicar por 1.7, así que mejor lo sigo haciendo). Es más, el dueño de la tienda me dijo que, si no me gustaba, se lo regresara y me devolvía el dinero. ¡Convencido! Compré una botella para probar. Tal vez en la noche.

Además de llevar mi ropa a lavar, no pasó mucho durante el día. Una niña de USA, Samantha, me dijo que ella y otros dos tipos del hostal querían ir a un “game restaurant”, que si me apuntaba para ir con ellos. Y no, no es un lugar a donde vas a comer y jugar. Ni a jugar a la comidita. “Game” también significa animales de caza. Más se tardó en decirme que yo en aceptar, claro está. Ya habían hablado al restaurante y tal vez tendrían hasta elefante. Como si necesitara que me convencieran más. El problema era cómo llegar a Sandton, donde nos íbamos a ver con ellos, porque no queríamos gastar toneladas de dineros en taxis. Así que decidimos irnos en transporte público. Es decir, en combi.

El problema era, ¿cómo? ¿Se acuerdan de las explicaciones de Boison? Bueno, pues finalmente le preguntamos – no sin cierto miedito – y, tras asegurarnos que nos repitiera lo mismo 3 veces sin cambiar las instrucciones, nos lanzamos. Tuvimos que descubrir cómo hacerles la parada y cómo saber hacia dónde va cada ruta (recuerden que no tienen ningún tipo de letrero o pintura representativa de cada ruta; todas las combis son iguales). La receta es: dependiendo del número de dedos con los que le hagas la parada es la ruta que quieres tomar. Si no van llenas y son de esa ruta, se detienen. Nuestra clave secreta resultó ser “5 dedos”. Y nuestro camino sonaba sencillo: tomar una combi a MTN (lo que fuera que eso sea) y otra de ahí a Sandton City. Resultó que MTN era un paradero grande de combis en el mismitito centro de la ciudad (al que, como todos recordarán, había que evitar entrar a toda costa). Efectivamente, las 3 cuadras que tuvimos que caminar fueron como caminar por el centro de San Bartolo en hora pico, cuidando nuestras vidas esquivando autos, combis, gente, puestos callejeros, olores surtidos, limosneros y más. Pero no hubo mayor problema y logramos tomar la otra combi. No nos preocupamos por tener que tomar el mismo camino en la noche, de regreso, porque alguien más nos iba a encontrar allá, en Sandton, nos llevaba al restaurante y hasta nos regresaba al hostal.

Otra cosa aprendida fue: cuando pides indicaciones para llegar a algún lado y te dicen “Ve por esta calla y, en el segundo… no… tercer robot, te das a la izquierda” no están hablando de Mazinger Z o alguna otra invasión robota, sino que así le dicen a los semáforos.

Nos encontramos con los otros dos junto a la estatua de Nelson Mandela y ahí nos enteramos que íbamos a tener que irnos en taxi, pero que el del coche (que era un conocido de uno de los chavos éstos) nos alcanzaba en el restaurante. El lugar este resultó estar junto al Lion’s Park y el taxi nos cobró como 170 pesos por persona.

El restaurante se llamaba, muy apropiadamente, Carnivore , era enorme y, después de una entrada de crema de frijol y ensaladas, tenía un sistema idéntico al de un restaurante brasileño de espadas, pero con carnes de muchos animales exóticos. ¿El favorito? Wildebeest. Y chorizo/salchicha de antilope. ¿El más raro? Cocodrilo. Dicen que sabe a pollo, pero no tiene mucho sabor; más bien es un sabor justo en el punto medio entre el pollo y el calamar, con una consistencia como de ancas de rana. Guardé una vértebra, de recuerdo. ¿Los ausentes? Elefante, cebra y león, que no hubo. ¿Los demás? Impala, antílope, cordero, kuku y otro tipo de antílope, pero más grande, además de los de siempre (pollo, vaca y cerdo). Por supuesto que salimos rodando de ahí.

De camino al lugar el iba a llevar coche nos marcó para decir que dijo su mamá que siempre no, que no llegaba. El taxi, muy amablemente, nos esperó. Podría decir que era porque no quería dejarnos varados en medio de la nada. Pero más bien fue porque, entre las opciones de regresarse solito y llevarnos para así sacarnos otros 170 pesos por persona, realmente no había mucho que pensarle, ¿o sí?

Lo más trágico de la noche fue que no había internet en el hostal, justo cuando tenía que terminar y enviar unos reportes del trabajo. ¡Oh, cielos! Pero, como era algo completamente fuera de mi control y no había nada que pudiera hacer al respecto, aproveché para ponerme a escribir esto.

(El vino que compré en la mañana resultó del agrado de todos. Mañana iré por más.)

Día 14

Uno de los chavos que trabaja en el hostal es de lo más chistoso. Se llama Sonboi o algo así. No sé bien si su inglés o su pronunciación en inglés son medio malos y todo el mundo tiene problemas en entender exactamente lo que a veces nos explica. Son como 5 minutos en explicarle a otra chava cómo llegar a no-sé-dónde en combi. Parece que le entendió (y esperamos que no la haya mandado a Zimbabwe) Eso sí, le echa muchas ganas. Y le gustan las telenovelas sudafricanas. Y no, por si se lo preguntaban, no son mejores que las mexicanas. Son malísimas.

De Port Elizabeth me traje Biltong, de wors seco. En realidad, lo puedes comprar en cualquier tienda o supermercado. Biltong es el equivalente sudafricano del tasajo, o carne seca. A veces lo hacen de carne y a veces de wors (que es como entre salchicha y chorizo). La diferencia es que primero lo hacen en salmuera y después lo secan. No es tan malo como suena, la verdad; sabe mucho a carne. Si está pre-rebanado, hasta es sencillo de comer. Buen snack.

Alan (de Brasil, que regresó también al mismo hostal) había reservado un tour a Lion’s Park. Me invitó y, por supuesto, fui a ver leones. Y fue con el mismo guía que nos llevó al safari a Pilanesburg. Lion’s Park está como a media hora de Joburg. Creo que los leones fue el único animal grande que no vimos de cerca en Pilanesburg. Ahora fue el que más vimos. Lo bueno, es que hay muchos y los ves muy, muy cerca del coche. Lo malo, es que no es una reserva, donde los animales son libres de cazar y vivir en su estado natural, sino un parque donde los alimentan y están confinados a un área relativamente pequeña. También tienen otros animales del mismo modo (en relativo estado natural), como jirafas, muchos antílopes diferentes, cebras, avestruces y etcéteras. Los demás que tienen, como suricatas, puercoespines, hienas, leopardos, están en jaulas como de zoológico. Muy triste, la verdad, considerando a los que viven en libertad en las reservas. Ahora, más que antes, los zoológicos me parecerán como prisiones o como un castigo para los animales. La única otra cosa buena de ahí es que pudimos acariciar y convivir por unos minutos con cachorros de león. La otra cosa mala es que es tanta la gente que los acaricia y molesta, que los pobres leoncitos se alteran mucho. La verdad, ¿a quién no le molestaría que, cada 5 minutos, 15 personas diferentes trataran de picarle, jalarle, y hacer las mismas cosas una y otra vez?

En fin, por lo menos pudimos comparar y darnos cuenta de qué diferentes son los animales de acuerdo a su entorno.

El tour siguió con la Cuna de la Humanidad (“Cradle of Humankind”). Suena a película de Tomb Raider, ¿no? Es un conjunto de cuevas donde se han encontrado algunos de los fósiles de homínidos más antiguos, con unos 3 millones de años de antigüedad. Fue muy parecido a una interesante, también.

En la noche intentamos, otra vez, ir al restaurante donde sirven springbok. Y, nuevamente, fue prueba no superada, porque había cerrado temprano. Terminamos cenando en un pub local, con dos botellas de vino, junto con Linda y Leonie, (dos niñas de Suiza) y Charles (de Canadá). Después, a un club cercano por unos drinks y de regreso.

Fue un buen día, entretenido.