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El peor día de mi vida

El 19 de septiembre de 1985 fue el peor día de mi vida. Mis recuerdos de ese día están ligados a una lluvia muy fuerte de la noche an...

Saturday, March 29, 2008

Y ahora, un relato...

- “El reflejo es verdadero. Eres tú quien está distorsionado.”

Mika se sobresaltó al escuchar a su hermano. Aún así, no desvió la vista de su imagen en el espejo. Algo era diferente. Aunque no podía decir exactamente qué, había cierto no-sé-qué que le resultaba desconcertantemente poco familiar. Le intrigaba ser el único que no lo pudiera ver. ¡Él mismo!

Ander volvió a interrumpir sus pensamientos.

- “Podrías intentar aplastar a un hada. Se supone que no lo puedes ver. Deja de perder tu tiempo contemplándote.”

- “Sí, sé que es imposible,” - respondió Mika, “pero no puedes culparme por intentarlo.”

Sonriendo, Ander ayudó a su hermano menor a terminar de ponerse el atuendo formal para la ceremonia del nombramiento.

- “Pero recuerda que no hay nada de qué preocuparse" - trató de tranquilizarlo Ander. "La llama de un guerrero nunca se extingue. Y, aunque así fuera, no podrías saberlo. No tú, por lo menos.”

Aunque trataba de irradiar la serenidad que su mayor experiencia le confería, Mika no podía negar que se sentía un poco inquieto. Pero, después de todo, era de esperarse. Finalmente había llegado el día del último ritual. Y su hermano había sido el elegido por el consejo del Clachán, hace ya un año. La formalidad de la ceremonia requería compostura. Pero su corazón siempre albergaría esa pequeña duda. Y, por supuesto, parte de esa incertidumbre la percibía Mika, aunque como probablemente seguía un poco distante, era lógico pensar que la confundiría con su propio nerviosismo.

A veces, Ander se preguntaba cómo sería vivir como los Merrow o como los Elfos, sin compartir las emociones o los sentimientos de los demás e incluso poder ocultarle sus temores a su hermano. Seguramente sería como estar completamente solo dentro de uno mismo. “Qué triste debe ser poder aislarse así y no llegar a soñar los sueños de los demás,” pensó. Además, una voz no es más que un guijarro para el resto del mundo. Miles de voces al unísono son una avalancha. Y eso es lo que somos los kithkin…

-“¿Y cómo puedes estar seguro de que sigo siendo yo mismo?” Esta vez fue Mika quien lo sacó de su contemplación. “Es extraño verte en el espejo y no saber si eres tú quien te regresa la mirada.”

- “Sé cómo te sientes, Mika…”

- “¡Claro que no puedes saberlo!” – explotó Mika. “¡No hay nada más perturbador que cruzar espadas con algo que se ve exactamente como tú! ¿Cómo sabes que el que murió en el duelo fue el cambiaformas y no yo? Después de haberlo sentido entrar en mi mente, hay momentos en que ni yo mismo lo sé.” Su voz bajó de intensidad, hasta convertirse en un susurro. “Fue entonces que me di cuenta de que no todos nuestros pensamientos son transparentes para el clachán. Pensamientos oscuros nacen y latigan en la mente, tratando de salir volando.”

Mika permaneció unos momentos perdido en sus pensamientos, con la mirada fija, pero sin ver, reviviendo seguramente los eventos pasados. Cuando volvió a hablar, fue con un hilo de voz…

- “En el momento de mi muerte, tuve una visión del mundo, oscuro y aterrador. Quise esconderme en el meandro más profundo, pero la luz me trajo de vuelta...”

- “Pero no te preocupes, hermano,” – continuó Mika, con una voz mucho más firme y repuesta. “Recuerda lo que decía el viejo Cenn… Hay todo tipo de fortalezas, pero si tienes fortaleza de alma, el resto vendrá.”

Ante esto, Ander se limitó a terminar de ajustar los últimos broches del uniforme de Mika, quien estaba a punto de ser nombrado como el nuevo embajador ante Oona, Reina de las Hadas. Pero, de haber sabido las pruebas por las que tendría que pasar, tal vez no le hubiera permitido a su hermano ofrecerse para ocupar el puesto. La purificación de la mente. La búsqueda y la cacería. Y, sobre todo, el duelo contra el cambiaformas.

Ahora sólo faltaba la última prueba, durante la ceremonia misma. Y no podía estar presente nadie más, porque en ella la misma Oona, desde su palacio, entraría en los sueños de Mika, aceptándolo como embajador o rechazándolo definitivamente.

Con una última mirada de aliento y una mano en el hombro de su hermano, Ander se despidió de su hermano afuera del salón de ceremonias, sin palabras. Con el lazo mental que los unía, las palabras no eran necesarias para expresar sus sentimientos.

Mientras lo veía alejarse por el largo pasillo, flanqueado por dos guardias, Ander pensaba en la prueba en la que no podría estar presente para ayudar a su hermano.

“¿Y si los sueños no son exclusivos de quienes duermen? ¿Y si, sin saberlo, también estamos soñando mientras estamos despiertos? Todo lo que nuestros sentidos nos dicen podría estar ahogando esos sueños, mucho más débiles que la realidad a nuestro alrededor. Eso explicaría las alucinaciones de los borrachos, los delirantes y los locos, para quienes los sentidos se pierden en los límites de la realidad.”

¡De ser así, Mika podría estar en peligro durante el ritual! Las hadas son especialistas en ilusiones, engaños… y sueños. Los sueños son tentadores porque en ellos uno es poderoso. Los sueños son peligrosos porque ese poder es mentira.

No podía quedarse ahí, sin hacer nada. Tenía que advertir a su hermano.

Pero había algo extraño con los guardianes de la ceremonia. Estaba seguro de que no eran los guardias kithkin que aparentaban ser. Por un lado, nunca los había visto antes. Además, no podía sentirlos con el pensamiento. Aun cuando fueran miembros de otro clachán, debería compartir con ellos el lazo mental. No, no eran lo que aparentaban. Pero, ¿qué otra cosa se podría esperar de los enviados del reino de las hadas? Tenía que ser muy cuidadoso. Cuanto mejor vestida esté una ilusión, más indecente será su forma desnuda.

Una vez pasado ese obstáculo, entre los dos se las arreglarían para pasar la prueba. Las reglas decían que el solicitante no podría ayudarse más que con sus propios recursos. Pero, ¿qué no el lazo mental de los kithkin formaba parte de su ser? Y, ¿qué mejor manera de representar ese lazo que el vínculo con su hermano? Les habían enseñado que es parte de la naturaleza de las almas arder más fuertemente juntas que separadas y era hora de ponerlo a prueba.

“Todos los seres llevan el fuego en su interior. El desafío es liberarlo antes de desaparecer en el olvido” – recordó Ander, de una de sus lecciones con su maestra Illulia. “Parece que finalmente llegó el momento de liberar el mío.”

Si aún así juntos no lo lograban, tal vez era porque no estaban destinados a hacerlo. Después de todo, todas las historias, hasta los cuentos de hadas, terminan.

Empuñando su espada y con una sonrisa de determinación en los labios, Ander se dirigió a paso firme hacia los guardias y hacia su hermano…

Mi índice de diferencialidad

Tuve que cruzar la frontera a pie y fue una verdadera lata. Pero, sorprendentemente, todo salió bien. Resultó que la mejor opción fue, definitivamente, tomar el camión que te lleva del aeropuerto de Tijuana a la frontera con San Diego. La cola para cruzar estaba mil kilométrica (o sea, de mil km), pero el camión se la saltó casi toda... y aun así nos tardamos como una hora, pero nos dejó directamente en la garita, hasta adelante de otras mil ochomil personas que querían cruzar. Peor que el Toreo o el Metro Hidalgo en hora pico. También fue buena idea ir disfrazado de gente normal. El de inmigración sólo dijo:

- "Next."
- (le doy mis papeles)
- "Where are you going?"
- "St. Louis, Missouri."
- "Go ahead."

¡Y ya!

Pero, para este entonces, ya eran las 3 de la tarde y mi avion salía a las 4.20. ¡Oh, cielos!

Tons, a tomar el trolley (que es como un trenecito que se va agarrando de unos cables) al centro de San Diego, luego un camión al aeropuerto y... ¡corre, corre! Yo estaba seguro que ya todo había valido, porque los vuelos se cierran entre una hora y media hora antes de salir. De hecho, ya estaba resignado a pasar el resto del día y toda la noche en el aeropuerto.

Llego al mostrador de USAirways al cuarto para las cuatro, y el tipo me pregunta...

- "¿Tiene reservación?"
- "No, pero quiero tomar el vuelo de las 4.20 a St. Louis, Missouri."
- "Ya están abordando, pero déjeme ver... "
- (dos minutos después) "Tiene suerte, pero corra, que ya están abordando."

Para hacerla todavía más de emoción, resulta que todos los boletos comprados a última hora son sujetos a revisión, así que checaron todas mis cosas, en lo que yo tomaba aire para alcanzar al avión. Pero todo salió bien y, después de una escala en Phoenix (donde aproveché para comprar una playera del Superbowl) llegué a St. Louis a las 11 de la noche. Mario pasó por mí como hora y media después y ya.

Mi índice de diferencialidad sigue en aumento. Esto es, cuando las cosas se ven diferentes y uno tiene que acostumbrarse a ellas, es porque su índice de diferencialidad es mayor al que estabas acostumbrado. Ahora, cuando TODO es COMPLETAMENTE diferente, pues el índice se va a las nubes (que, de hecho, también pueden ser diferentes, como en las Floridas). En mi caso, pasé de vivir en México a las palmeras, calor y cielos inmensos de West Palm Beach, Florida, para después estar comiendo cocteles de mariscos en el solecito en Ensenada y al día siguiente, viendo el SuperBowl enmedio de las colinas nevadas de Missouri. Para mí, eso califica como un índice de diferencialidad casi absoluto. Pero, en fin, habrá que acostumbrarse.