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El peor día de mi vida

El 19 de septiembre de 1985 fue el peor día de mi vida. Mis recuerdos de ese día están ligados a una lluvia muy fuerte de la noche an...

Tuesday, November 5, 2019

Microsueños

UN PANDA EN UNA TIROLESA NO PUEDE SOSTENER SU CAFÉ Y SE LE CAE, SALPICÁNDOLO EN LA CARA. Abrió los ojos, en un rush de adrenalina. No, todavía no se había pasado de su parada. Qué temprano se veía la ciudad a esta hora. Como hacía frío, todos tenían una actitud de “Qué hago aquí y por qué no estoy en mi cama”.

CLOSE-UP DE UNA BALLENA AZUL, BAJO EL AGUA. Sacudió la cabeza, para despejarla. Aquí era. Perfecto. Su récord impecable de dormirse en el camión sin pasarse ni una sola vez seguía intacto.

Ya eran pasadas las nueve, pero todavía estaba en sus minutos de tolerancia. El reto iba a ser no quedarse dormido en las tres o cuatro juntas que tenía hoy. Ya sabía que no había sido buena idea no irse dormir anoche a su hora. “Pero no me arrepiento,” pensó, mientras se recargaba en el frío costado de acero inoxidable y el elevador subía hasta su oficina. ENTRA UNA MUJER VESTIDA DE PARAMÉDICO A UNA JUNTA Y SE SIENTA EN UNA MESA REDONDA. TODOS TRAEN CAPAS ROJAS, CON UNA FILA DE ESTRELLAS DORADAS DE HOMBRO A HOMBRO, EN LA ESPALDA.

Plínnn. Se sobresaltó. Abrió los ojos como platos y se acomodó el nudo de la corbata. Listo, cuarto piso.

Despabilándose, caminó hasta su cubículo mientras buscaba una excusa. Ya nadie hace crucigramas. Ni los viejitos. No podía explicar que se había desvelado hasta las tres de la mañana con crucigramas, terminando el Matatiempo especial del mes. Pero ni modo que un simple “nueve letras, sinónimo de perfecto” le ganara. No, señor.

Alguna vez había intentado con esas cosas de los sudoku. No le funcionó. Es que, qué manera de complicarse la vida, la verdad. ¿En serio, números? De haber querido dedicarse a eso en sus tiempos libres, habría estudiado algo científico, como astrónomo o contador.

Se sentó frente a la computadora y la encendió, esperando a que se iluminara la pantalla, con ese zumbidito que hacen las máquinas cuando ya les cuesta trabajo. 

THE LUNATIC IS ON THE GRASS. 
THE LUNATIC IS ON THE GRASS. 

Sintió que se caía y dio un brinquito involuntario. Hace mucho que no escuchaba esa canción de Pink Floyd. "Brain Damage es de las mejores de ese disco, aunque sea de las más ignoradas," pensó. Le dio click al Excel del día anterior y se puso a revisar columnas y columnas y columnas. CORRES Y CORRES Y TE TIRAS DE RODILLAS, DESLIZÁNDOTE EN EL PISO, EL PELO LARGO CAYÉNDOTE EN LA CARA. TE ENSUCIAS LAS RODILLAS CON LODO.

Despertó. ¿Qué es ese ruido?

Tóctoc. Ahí está otra vez. Tocaron en el marco de la puerta. “Vamos a adelantar la primera junta diez minutos. ¿Está bien?”

“¿Eh? Sí, claro. Solo deja encuentro mi pluma,” dijo, sacudiendo la cabeza. Se sirvió un café de camino a la sala de juntas. 

Iba a ser un largo día.

. . .

UNA SIRENA SE DESMAYÓ PORQUE NO LA ELEGISTE PARA BAILAR. Abrió los ojos mientras respiraba profundamente y, sin llamar la atención de los demás asistentes a la reunión, se reacomodó en la silla, para despertar.

Bla. Bla. Blá. 

Esa exposición monótona del ingeniero lo despertaba y adormilaba al mismo tiempo. Y apenas llevaban diez minutos.

Se examinó las uñas de la mano izquierda. "¿Y este pellejito? Hay que jalarlo con cuidado," se dijo, distraído.

Bla. Bla. Blá. 

 “Ay, ya me lastimé. Hasta sangre me salió. Ya ni modo. Voy a hacer como que estoy concentrado en el tema de la junta para chuparme el dedo, distraídamente.” UN PANDA FRENTE A UN PAYASO, OBSERVÁNDOSE MUTUAMENTE DEBAJO DE UNA JACARANDA.

Levantó la cabeza, rápida pero disimuladamente, la mirada confundida. Sabía que no lo iba a lograr. El día se veía cuesta arriba.

“Ya dejó de sangrar, pero todavía me duele. Voy a traer el dedo hinchado todo el día. Por lo menos así no me dormí.”

Continúa la presentación, con un lentísimo y muy tedioso bla, bla, blá.

LOLA BUNNY, SONRIENDO, CON EL UNIFORME DE SPACE JAM. Reaccionó. ¿Qué habían dicho? La sala estaba en silencio, como esperando a que les respondiera. ¡Ah! Alguien contestó del otro lado. Fiu. La pregunta no había sido para él. Se levantó tranquilamente, llevándose el celular a la oreja, como si hubiera recibido una llamada. Tenía que echarse agua en la cara.

En el baño, frente al espejo. El agua fría ayudó. Se veía desvelado. Parecía como si su rostro se hubiera quedado afuera del refri desde ayer, la piel con un tono poco saludable y los ojos hinchados. Se quedó viéndolos fijamente. BAJANDO POR LAS ESCALERAS ALFOMBRADAS METIDO EN UNA CAJA DE CARTÓN. MUY, MUY RÁPIDO. BAJABA Y BAJABA. ANTES DE DAR LA VUELTA EN EL ÚLTIMO SEGUNDO, ABRIÓ LOS OJOS PARA NO CHOCAR CON LA PARED. Su reflejo lo miró de vuelta tratando de enfocar bien. Se sorprendió a sí mismo, mojado, desgastado y confundido.

En fin, a regresar a la junta.

. . .

UNA CADENA HUMANA BALANCEÁNDOSE COMO COLUMPIO, CADA VEZ MÁS ALTO. Levantó el dedo de la tecla de flecha hacia abajo. Ya iba en la celda 1,220 de un documento en blanco. Maldito Excel. Estaba en su escritorio, sin estar completamente seguro de cómo terminó la junta. Tenía que ir por un espresso triple. Solo necesitaba un esfuerzo para terminar de despertar y levantarse de su UNA MUJER CON CUERPO DE SERPIENTE EN UNA TIENDA DE CAMPAÑA ROJA DE CUATRO PAREDES, EN EL DESIERTO. LE SONRÍE.

¡Ya, por favor! No lo volvería a hacer. A estas alturas, todo lo que quería era irse a su casa. Así podría descansar.

“EN REALIDAD, VAMOS A USAR SOMBRITA”, DIJO EL ENCARGADO CUANDO LE PREGUNTÓ SI HABÍA SOMBRILLAS EN EL BARCO. Se levantó tan rápido que se pegó en la espinilla. Café. Ahora.

Sí, era lo que necesitaba. De pie afuera del Cielito Querido de la esquina, aspiró profundamente el aire fresco. Los aromas eran limpios y fríos, los colores con ese tono intenso que solo tiene el mundo después de llover toda la noche. Había algo en ese olor a mañanas frías que solo el café recién hecho puede evocar. Con la mirada fija en ningún punto en especial, se recargó en la corteza húmeda de una jacaranda y se dejó llevar por el recuerdo del jardín de su casa visto desde la cocina. SE ESCUCHA EN EL FONDO WHEN I’M 64 DE LOS BEATLES, MIENTRAS SUBE EN UN GLOBO AEROSTÁTICO POR EL CIELO CLARO Y DESPEJADO, SALVO POR ALGUNAS VIRUTAS DE ALGODÓN DESGARRADO. Parpadeó tres veces, lentamente y apretando los párpados, para deshacer las telarañas de su cabeza. ¿De dónde había salido eso? Ni siquiera se sabía esa canción.

A junta otra vez. Se le quedó viendo distraídamente a un ciclista con playera de Space Jam, que se acercaba.

Suspiró, dándose ánimos. Ya casi era mediodía. Decidió que, en vez de comer, cerraría la puerta de su oficina para poder cerrar los ojos, aunque fuera por una hora. No faltaba tanto. Si tan solo pudiera…

Mantener.

Los.

Ojos.

Abiert…UNA NIÑA PEQUEÑA HACIENDO PARKOUR ENTRE DOS EDIFICIOS, VISTA DESDE EL CALLEJÓN DE ABAJO. TRAE UN ABRIGO BLANCO Y GRUESO.

De repente, alguien gritó “¡Cuidado!”, seguido de mucho ruido, un fuerte crujido… y el mundo se volvió de cabeza.

. . .

Aunque hubiera estado alerta, nada habría cambiado. Simplemente, estaba en el lugar equivocado, al final de una larga serie de improbabilidades. Una bicicleta que cruzaba el camellón se patinó al frenar en un charco con lodo, producto de la lluvia de la noche anterior. El repartidor cayó de costado junto a la banqueta, el vaso grande de café caliente que traía afuera de su mochila se aplastó y explotó con el impacto, salpicando por la ventana al chofer de una ambulancia que pasaba y quemándole la cara. Él, por reflejo, giró violentamente el volante hacia el otro lado, hacia un árbol. Sintió el golpe de las llantas cuando se subió a la banqueta, pero tuvo suerte de alcanzar a frenar y solo haberle pegado al espejo derecho. Nunca vio que hubiera alguien recargado en el árbol. Fue entonces cuando la gente empezó a gritar.

. . .

“¿Qué pasó?”

“¡Alguien llame una ambulancia!”

“¡No lo toquen!”

“¿Eso es sangre?”

“¡Un doctor!”

“¡Necesitamos un doctor!”

MORDISQUEANDO LA PLUMA. LA PLUMA SE QUEJA, CON VOZ DE NIÑA PEQUEÑA, Y LO MUERDE DE REGRESO. Ouch. Eso duele más que una mordida.

“¡Paramédico! ¡Aquí!”

FLAN DESPUÉS DE COMER, PEQUEÑO PERO MUY DULCE.

“Amigo, amigo, ¿te encuentras bien?”

CREO QUE TENGO UN HERMANO GEMELO.

“Tuviste un accidente. Trata de no moverte. ¡Denle espacio!”

LA VISTA AÉREA DE UNA PRESA.

“Amigo, voy a revisarte. ¿Dónde te duele?”

“¿Qué es eso? ¿Dónde está su mano?”

“¡Háganse para atrás!”

COMIENDO CARNE MOLIDA CRUDA, CON TENEDOR.

“¡Traigan la camilla!”

VIENDO UNOS ZAPATOS POR ARRIBA, JUSTO PARA PONÉRSELOS. SON CAFÉS Y SUAVES POR DENTRO, DE PIEL. ¿Por qué tenía frío en los pies? ¿Y sus zapatos?

“¡El collarín, rápido! Esperen…esperen… ¡Tú, el de playera de sirena, ayúdanos a cargarlo! A mi cuenta lo levantamos: una, dos, ¡tres! Aprieta aquí.”

UN CRIADERO DE PECES BEBÉ EN UNA PILETA. TRATA DE METER LA MANO, PERO NO SIENTE EL AGUA. ESTÁN LLORANDO. ¿ESTÁN EN UN FUNERAL? “¿Qué me pasó? ¿Por qué no puedo ver?”

VOY MANEJANDO. JUSTO ANTES DE CHOCAR CONTRA UN CUBO DE UN METRO HECHO DE ADOQUINES, SE VAN VOLANDO, COMO DIENTE DE LEÓN. “Tengo frío. Y sueño. Mucho sueño. Yo creo que me voy a dormir.”

SE CAE BOCA ABAJO UNA SEÑAL LUMINOSA DE BULBOS QUE DICE “BETTER THAN YOU”, EN UNA NUBE DE CHISPAS Y VIDRIO QUEBRADO, MIENTRAS SUENA ESA MISMA CANCIÓN DE NIRVANA. LA CANCIÓN SIGUE Y SIGUE, BAJANDO EL VOLUMEN MIENTRAS ALGUIEN APAGA LA LUZ.

Click.



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