Mi último día en Sudáfrica amaneció bastante soleado, pero con un viento muy frío. No quise hacer mucho, para tener tiempo de arreglar cómo llegar al aeropuerto sin gastar millones y millones y millones en taxis. Lo primero fue conseguir mi transporte, en el Centro de Visitantes de ahí cerca. No había podido apartar mi taxi de R100 desde ayer porque ya era muy tarde cuando llegué, como para que encontrara abierto. De hecho, lo intenté, pero me encontré no sólo con que ya no estaba abierto, sino que justamente en ese momento había una exposición fotográfica, aunque bastante agradable. Total, no pude ayer.
Valió la pena esperarme. Había mucha gente ese día que quería que la llevaran al aeropuerto. Como sólo me iba a gastar R200 en Gautrain + taxi, conseguí que me llevara el taxi hasta el aeropuerto, pero el mismo precio. Cargar tus maletas menos tiempo siempre es lo de hoy.
Todavía tenía dos pendientes antes de salir: deshacerme de una tarjeta telefónica y de mi celular. Yendo por partes: compré una tarjeta telefónica de larga distancia específicamente para llamar a México. Cuando lo intenté, resulta que servía como para 100 países, pero no para México. En fin, logré venderla en lo que me costó a SImon, en el hostal. A él sí le sirvió. Y el celular, lo necesitaba cuando llegué a Sudáfrica. Ahora, ¿para qué me lo llevaba a México? Entonces, lo ofrecí y lo ofrecí hasta que alguien en el Visitor’s Center lo quiso. Con lo que me dieron, casi casi como si fuera trueque, me llevé unos collares y todavía fui por una botella de vino.
(Paréntesis enológico: Aprendí que 2007 fue un muy buen año en Sudáfrica para el vino, así que todo vino cosecha 2007 que se encuentren los convertirá en la envidia de sus amigos, por ser grandes conocedores y escogedores de vino. Por cierto, también 2009 fue buen año, pero esos vinos todavía están muy jóvenes. Habrá que esperar un par de años más – Si dicen esto en voz alta, con aire de conocedores, obtendrán todavía mayores “Ooooh”s y “Aaaah”s).
Finalmente, al super, para gastar las últimas moneditas. Compré mis últimas Milk Tarts y todavía más especias.
(Paréntesis de cotidianeidad sudafricana: Cómo lavan los trastes. Hasta eso lo hacen diferente. Tienen dos tarjas y las dos las llenan con agua caliente. A una le ponen líquido lavatrastes y es ahí donde echan todos los trastes sucios, junto con un trapo (no usan fibras). Frotan los trastes sucios con el trapo, los enjuagan en la otra tarja y los ponen a escurrir. Si alguien de aquí lo intenta, le funciona, le dice a sus conocidos, lo comercializa y se hace millonario, no olviden dónde lo escucharon por primera vez. Si no les funciona, no importa si no me recuerdan).
Ya en el aeropuerto, entré a ver cositas a las tiendas de ahí. La zona de souvenirs/duty free es enormísima y hay unas tiendas muy grandes. El único problema es que los souvenirs cuestan un 250% más caros que lo que pagué por ellos. Y, aún así, están llenísimas. Una prueba más de que los tontos no son quienes ponen los precios altísimos, sino los que los pagan con gusto. (¿A alguien le recordó a Ocesa y sus conciertos últimamente?)
Por tercera vez me tocó un Airbus de los nuevos (de esos de 580 pasajeros). Lo bueno de ese avión es que está nuevecito, tienes tele/centro de entretenimiento personal y todo eso. Lo malo es que, cuando aterrizas (en este caso, en París), tienes que pasar por inmigración junto con esas 580 personas, además de algún otro vuelo que haya llegado al mismo tiempo. Después de como una hora de espera para que me sellaran el pasaporte recogí mi equipaje y volví a documentarlo, esta vez, para Estocolmo, Suecia.
Pero, como dicen los clichés, esa es otra historia…
Showing posts with label vino. Show all posts
Showing posts with label vino. Show all posts
Thursday, July 22, 2010
Día 18 y último en Sudáfrica
Etiquetas:
aeropuerto,
mundial,
sudafrica,
viaje,
vino
Saturday, July 10, 2010
Día 11
Hoy hizo calor. Además, es el último día sin partido. Aproveché para tomar mi tour hágalo-usted-mismo-y-recórralo-a-pie por Port Elizabeth. Muchos edificios históricos. Pero hay que hacer una aclaración: aquí, histórico significa que tiene, como máximo, 180 años, que es lo que tiene la ciudad de haberse fundado. Si comparamos que hay edificios en México construidos hace 450 años, no es nada impresionante, la verdad. Es más, en Praga hay algunos de hasta 900 años de antigüedad. ¡Ciento ochenta años! ¡Pfff…!
En fin, día muy caminador. Vi un lugar donde vendían vuvuzelas como eran originalmente, de cuerno hueco de algo, de esos largos y retorcidos. Si alguien necesita una con urgencia, por módicos R2300 ($3900) les puedo llevar una.
Otra cosa que es de lo más típico en Sudáfrica es algo llamado “beadwork”. Básicamente, es joyería hecha a base de hilo y cuentas de plástico pequeñitititas, de muchos colores. Pero no las pulseritas de 5 pesos que hacen las niñas de secundaria. Estos son collares que, los más sencillos, se llevan dos días en terminar. Muchísimo trabajo. Y no sólo lo usan para joyería, sino también para decorar animales de alambre, llaveros, fruteros, etc. Hasta su ropa la llenan de cuentitas de colores. El resultado final se ve, definitivamente, muy autóctono.
Como ya hacía hambre, pasé por mi carne braai-mientras-usted-espera y luego por una milk tart. Son lo de hoy.
En un parque muy grande, junto al Fan Fest, vi a unos viejitos jugando un boliche de lo más raro. Se llama bowling green (creo). Es un cuadro de 35 m de lado, con pasto muy, pero muy corto. En un extremo, los dos jugadores ponen una sola bola blanca, del tamaño de una naranja. Desde el otro extremo, lanzan unas bolas de boliche del tamaño de una toronja, pero que no tienen su peso en el centro, sino que está cargado de manera que se vayan de lado y agarren cierto efecto cuando las lancen. Según lo que vi, cada jugador lanza 4 bolas, alternándose. El que quede más cerca de la blanca, gana. Como sólo se juega en una franja, puede haber como hasta 10 partidas a la vez. Es un juego de viejitos, pero es chistoso ver que lo juegan igual que como lo hacían los ingleses desde que se colonizó África. Algunos hasta se visten de blanco y todo.
Antes de irme, quiero probar el pay de venado. Y a lo mejor, hasta el carpaccio de venado. Lo haré prontamente. Y el vino es baratísimo. El problema es muy similar a cuando vas a comprar tequila en México. Hay taaaantos, que ni idea de cuál elegir. Pero ya me dieron unos tips, así que, ¡a probar!
En fin, día muy caminador. Vi un lugar donde vendían vuvuzelas como eran originalmente, de cuerno hueco de algo, de esos largos y retorcidos. Si alguien necesita una con urgencia, por módicos R2300 ($3900) les puedo llevar una.
Otra cosa que es de lo más típico en Sudáfrica es algo llamado “beadwork”. Básicamente, es joyería hecha a base de hilo y cuentas de plástico pequeñitititas, de muchos colores. Pero no las pulseritas de 5 pesos que hacen las niñas de secundaria. Estos son collares que, los más sencillos, se llevan dos días en terminar. Muchísimo trabajo. Y no sólo lo usan para joyería, sino también para decorar animales de alambre, llaveros, fruteros, etc. Hasta su ropa la llenan de cuentitas de colores. El resultado final se ve, definitivamente, muy autóctono.
Como ya hacía hambre, pasé por mi carne braai-mientras-usted-espera y luego por una milk tart. Son lo de hoy.
En un parque muy grande, junto al Fan Fest, vi a unos viejitos jugando un boliche de lo más raro. Se llama bowling green (creo). Es un cuadro de 35 m de lado, con pasto muy, pero muy corto. En un extremo, los dos jugadores ponen una sola bola blanca, del tamaño de una naranja. Desde el otro extremo, lanzan unas bolas de boliche del tamaño de una toronja, pero que no tienen su peso en el centro, sino que está cargado de manera que se vayan de lado y agarren cierto efecto cuando las lancen. Según lo que vi, cada jugador lanza 4 bolas, alternándose. El que quede más cerca de la blanca, gana. Como sólo se juega en una franja, puede haber como hasta 10 partidas a la vez. Es un juego de viejitos, pero es chistoso ver que lo juegan igual que como lo hacían los ingleses desde que se colonizó África. Algunos hasta se visten de blanco y todo.
Antes de irme, quiero probar el pay de venado. Y a lo mejor, hasta el carpaccio de venado. Lo haré prontamente. Y el vino es baratísimo. El problema es muy similar a cuando vas a comprar tequila en México. Hay taaaantos, que ni idea de cuál elegir. Pero ya me dieron unos tips, así que, ¡a probar!
Subscribe to:
Posts (Atom)
