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El peor día de mi vida

El 19 de septiembre de 1985 fue el peor día de mi vida. Mis recuerdos de ese día están ligados a una lluvia muy fuerte de la noche anter...

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Friday, July 9, 2010

Día 9

Hoy caminé mucho. Llegué al estadio del Fan Fest y, de ahí, caminé hacia el mar. Caminar en las calles no es cualquier cosa. Al principio, cuando llegué, sabía que los coches iban a aparecer por donde menos lo esperaba. Recuerden que manejan del otro lado de la calle. Entonces, antes de cruzar la calle, volteaba para los dos lados y después, volvía a voltear. Aún así, de repente aparecía un coche casi a punto de atropellarme. Poco a poco, como que medio me fui acostumbrando. Ahora, es un estado de confusión total. Por lo menos, al principio, sabía de qué lado NO venían los coches (es decir, del de siempre). Digo, es algo que ya damos por hecho. Nos acercamos al borde de la banqueta para cruzar y casi ni tenemos que voltear, sino nomás para cerciorarnos y ya. Últimamente, como que mi cerebro ya se hizo a la idea de que vienen del otro lado. Pero todavía no muy bien, así que ahora ya no sé muy bien de qué lado se supone que vienen y de cuál vienen en realidad, a menos que ponga mucha atención. Entonces, cruzar la calle se volvió, de algo automático, en algo que realmente requiere tu atención. Pero de repente se me olvida. Y yo que no quise sacar seguro médico antes de viajar. En fin.

Como no tenía mapa ni nada, caminé hasta que encontré una explanada muy grande, sobre una colina desde donde se ve muy bien el puerto. En la colina hay una pequeña pirámide, una bandera sudafricana enorme y un faro muy bien cuidado. También hay un centro de información para visitantes, donde me dieron muchos mapas y folletos y me vendieron uno con instrucciones para tomar mi propio tour caminando por los edificios más históricos de Port Elizabeth (o “P.E.”, como le dicen – pi i, en inglés). Se ve largo el tour, así que será para mañana.

Subí al faro y fue algo muy similar a subir al Ángel de la Independencia, sólo que, en lugar de ser una escalera en espiral angosta y eteeeeerna, son muchas como escaleras de mano muy bien empotradas y en perfecto estado. (“¡¿Que quuéééééé?! ¿Cómo que se puede subir al Ángel?” – Pues sí, gente, no es leyenda urbana. Vayan un domingo en la mañana con una identificación oficial y los dejarán subir. Se ve de pelos. Sólo tienen que levantarse relativamente temprano). Desde arriba del faro la vista abarcaba gran parte de la ciudad, que es más grande de lo que pensaba. De un lado, se veía a lo lejos la playa. De frente, el puerto. Del otro lado, más edificios, un pequeño lago, y el estadio. Muy buena vista, mucho viento, algo de frío.

Bajé del faro, fui al puerto y a la estación de trenes y me di cuenta de que no fue la mejor idea. De hecho, si alguna vez vienen acá, no se les ocurra andar solos por ahí. No es una buena zona, definitivamente.

De regreso, pasé por un lugar que ya había visto en otro lado y me había dado curiosidad: Se llamaba Budget Meat Butchers (o algo así), que significa Carnicería Económica. El asunto ahí es que compras la carne que quieres y ahí mismo te la asan. De hecho, el concepto de asar a la parrilla se llama braai. Así, con énfasis en la R. Brrraai. Y el eslogan es “We braai Ur meat 4 U while U wait” (Hacemos braai su carne mientras espera). Creo que me gasté como 35 pesos en dos chuletas y un trozo de wors. Así, sí queda para la tanda. Regresaré ahí también.

Finalmente, pasé a un super a ver qué compraba de postre y, en la zona de los pasteles, se me antojó algo llamado Milk Tart. Es una especie de pay de crema pastelera, pero de leche, cubierto de canela. También me volví fans. Y me costó como 9 pesos. ¿Ven? Más fans. Así debería ser todo.

¡Ah! Y el partido…

¡Qué diferencia! Ahora sí parecía Mundial. En el Fan Fest había como 8mil personas. Impresionante, comparado con el partido anterior. Y el ambiente estaba de pelos. Todo el mundo con banderas, sombreros, maquillaje, disfraces, etc. Hasta parecía que iban al estadio. Casi todos, con Alemania. Pero habíamos algunos que le íbamos a España. Muy divertido, en general. Y hacía menos frío. Entonces, fue una buena experiencia. Además, España ganó. Así que ya sé qué partido voy a ver el sábado: Uruguay-Alemania. Con tanta gente apoyando a Alemania, seguro va a estar más que bien.

Sunday, July 4, 2010

Día 5

España vs. Paraguay.
Me desperté muy tarde, así que no tuve tiempo de hacer mucho. Ayer desayuné fish and chips – algo también muy típico de acá – pero hoy quise seguir probando los pays: otro de carne con riñones (nada de gatitos esta vez) y uno de carne a la pimienta. Di una vuelta por un centro comercial pequeño que hay por acá, con un supermercado. Siempre que estoy en otro país me gusta ver qué cosas se venden ahí: qué productos también hay en México y cuáles son completamente diferentes. Siendo Sudáfrica, hay cosas todavía más diferentes, aunque no tantas como podría parecer. Hoy no tengo mucho tiempo de escoger, pero mañana voy a llevarme algunas de las que se ven más interesantes.

Regresé al hostal para salir a ver Argentina vs. Alemania. Hoy en la mañana se fueron Nish y Alan, así que sólo quedamos las niñas de Estados Unidos y yo. El casino de ayer no fue un gran hit con nosotros, así que decidimos ir mejor al Fan Fest de Newtown que, además, quedaba de camino al estadio Ellis Park. No había combis para allá, así que, para no pagar los 200 rand que cobraría un taxi (unos 320 pesos), pagamos R100 para que una combi nos llevara directamente. Resulta que casi no había gente en la explanada del Fan Fest, por lo que entramos a un restaurante que nos recomendaron para ver ahí el partido – además de que empezaba a hacer frío.

Siempre he dicho que me gusta probar lo más típico de cada lugar, así que en este caso pedí Mogudu, que resultó ser pancita de res (que es negra del lado rasposito) en una salsa verde espesa. Eso sí, acompañada de un plato con una porción de cada una de calabaza (de la naranja), frijoles con no-sé-qué y espinacas. Si no contamos la textura de la pancita (que nunca me ha gustado), todo estuvo bastante bueno.

Cuando terminó (Arg 0-4 Ale) – y después de pintarnos con los colores de España – descubrimos que no había transporte público hacia el estadio. A estas alturas, eso no era nada sorprendente. Conseguimos el número de unos taxis, una policía muy amable nos ayudó y nos fuimos para allá. Yo todavía tenía que conseguir mi boleto.

Me habían dicho que Newtown quedaba lo suficientemente cerca de Ellis Park para llegar caminando, lo cual era cierto. El problema es que había que atravesar el centro de Johannesburgo. Cuando los blancos se mudaron hacia las afueras de la ciudad, los negros ocuparon el espacio que había quedado libre. Como resultado, ahora el centro es uno de los lugares más inseguros de la ciudad, un barrio muy parecido a la Lagunilla. No es un lugar por donde quieras caminar de noche, mucho menos destacando como turista. Eso sí, los R150 que nos cobró el taxi por llevarnos 10 cuadras me parecieron demasiado, aún para los estándares caros del mundial (y eso que regateamos para que nos bajaran el precio de los R200 que nos querían cobrar originalmente).

Definitivo: el dinero destinado a cualquier souvenir que pudiera haber llevado de regreso se ha ido completamente en taxis. Además, TODO EL MUNDO me dijo “Anda, tráeme algo de allá; aunque sea algo chiquito, que no cueste mucho (vuvuzelas, pins, imanes para el refri, bufandas, etc.). Es más, te doy dinero”. Bueno, las noticias son que, durante el mundial, cualquier recuerdo cuesta, por lo menos, R50-60 (unos $80-100). Multiplicado por 20 encargos (por lo menos), nomás no es negocio. Y, por supuesto, nadie me dio ni un peso. Entonces, con la pena. Son taxis o souvenirs. No es que no quiera regalarles algo a todos mis amigos. Es más, a mí me gustaría que me llevaran algo cuando alguien regresa de un viaje, porque eso significa que se acordaron de mí. Pero no es que no me acuerde. Al contrario, pero no pienso caminar 10-15km para ir a donde sea.

Terminado este paréntesis quejoso, les cuento que llegamos a Ellis Park. A diferencia de Soccer City, es un estadio viejo, en medio de la ciudad. Eso sí, está en muy buen estado La verdad, fue bastante sencillo conseguir mi boleto y no salió tan caro como pensaba. Otra cosa que vale la pena remarcar es la poca seguridad para entrar al estadio. Llevaba mi back pack, con una chamarra (hace mucho frío durante el partido) y la cámara, pero fácilmente pude haber metido comida, botellas, armas, explosivos, un puercoespín, o realmente cualquier cosa.

El partido ya lo vieron (España 1-0 Paraguay), así que para qué se los cuento. Mi asiento estaba abajo, a unos 15 m de la portería donde entró el gol de Villa, por lo que veía perfectamente. Como ayer, todo el estadio apoyaba prácticamente a un solo equipo. En esta ocasión, por supuesto, era a España. Y hay que ver cómo celebraron los españoles (y todos los que no eran españoles, pero les gustaba brincar, cantar y gritar con ellos) a la salida del estadio.

Después de eso, uno de los grandes misterios del mundial, semejante al de la santísima trinidad o al de cuántas chupadas se necesitan para llegar el centro de una Tutsi Pop: ¿Cómo pueden 50mil personas salir al mismo tiempo del estadio y, después de dos cuadras de estar caminando, desaparecer? Sobre todo, si no hay camiones o taxis alrededor. ¿A dónde van? ¿Y cómo lo hacen? Nos costó mucho trabajo (y R200, no regateables) conseguir taxi y regresar al hostal.

Bueno, en fin. Mañana no hay partido, así que será un domingo tranquilo. Tal vez pueda encontrar algún lugar donde pueda usar mi lap para conectarme. O tal vez no. Nunca se sabe.