¿Alguien seguirá leyendo esto? Como sea, esta crónica seguirá, por lo menos, hasta que me vaya de Sudáfrica.
Nos dijeron que para ver delfines había que ir a la playa entre 8 y 8.15am. Entonces, a levantarse temprano (finalmente; creo que no me levantaba temprano desde el safari a Pilanesburg). Glenis (la dueña de la casa) nos llevó a Jay (Jay es un inglés-hindú que acaba de llegar a quedarse también en la casa) y a mí tempranito. Llegamos justo a las 8 y, efectivamente, en ese momento estaban pasando los delfines, de izquierda a derecha. Eran como 10. Nunca había visto delfines naturales en vivo (¡Ja! "Delfines naturales"). Tuvimos un desayuno bastante agradable en un restaurancito junto al mar.
Cruzando la avenida está el Boardwalk, que es una especie de placita/mall, donde pasé a sacar dinero del cajero. Acabo de meter mi tarjeta, cuando se acerca un tipo medio gritando, todo apresurado, diciéndome que no hiciera eso, que apretara no-sé-qué primero y que se pone a decirme cómo hacerle y dónde apretarle y, mientras yo estaba distraído poniendo mi nip (según él), que saca mi tarjeta y se la da muy subrepticiamente a un tipo que estaba atrás de él, haciendo como que veía el paisaje. Justamente al mismo tiempo que esto pasaba, otro tipo le preguntaba a Glenis y a Jay alguna otra cosa, para distraerlos. Por supuesto que, inmediatamente, me puse a gritar que me habían quitado la tarjeta y que ellos la tenían, hasta que llamé tanto la atención que el tipo éste hizo como que cancelaba la operación y la sacaba del cajero. Me la regresó y salieron de ahí tratando de hacerse los disimulados. Mucha gente me preguntó qué había pasado, les conté, llamaron a la seguridad del lugar y los siguieron. Creo que los atraparon, pero parece que no había mucho que pudieran hacerles porque, técnicamente, no habían robado nada. Malditos.
Había leído muchas advertencias acerca de la precaución que había que tener caminando en Sudáfrica, pero al final, lo que pasó bien pudo haber pasado en cualquier lugar en México o prácticamente donde sea. Así que tengan cuidado, niños y niñas y nunca pierdan de vista sus tarjetas. Y no vayan al cajero de FNB que está a la entrada del Boardwalk, en Port Elizabeth, Eastern Province, Sudáfrica. ¿Entendido?
¿Vuvuzelas gratis? ¿Quién dijo eso? Suena tentador. Además, como todo el mundo sabe, nada le gana a gratis. Resulta que en el Fan Fest (al que he ido varias veces), en el stand de Coca-Cola, regalan vuvuzelas. Recuerdo muy bien mi frase de “No llevarás vuvuzelas”, pero gratis es gratis (nada le gana a gratis). Entonces, antes de ir al estadio, pasamos al Fan Fest por nuestras vuvuzelas prometidas. Y sí, son gratis, pero primero hay que formarse en una fila detrás de unas 80 personas, para entrar al stand gigante que parece ser una corcholata o un paracaídas o el fantasma rojo de Pac-Man. En fin, tal vez mañana.
Pasamos por una Milk Tart, y ¡al estadio! El calor sólo había durado un día. Ahora hacía mucho frío, con un viento helado. Tomamos el shuttle gratis al estadio y de ahí, caminamos y caminamos y caminamos y caminamos. Era temprano, así que dio tiempo de pasar a curiosear en los stands de la entrada, llevarnos algunas cosas gratis (¡gratis!) y hasta pintarnos la cara con motivos típicos sudafricanos. El partido, bastante bueno. A pesar de que todo el mundo creía que Alemania iba a aplastar a Uruguay, los uruguayos jugaron realmente a ganar y, durante varios momentos del partido, no se sabía quién ganaría. Hasta el tiro libre de último segundo de Forlán, que pegó en el travesaño. Total, terminó Alemania 3-2 Uruguay. Gracias a que llovió, descubrí que mi bandera de México es, primero, una buena bufanda y, después, un excelente rompevientos/impermeable.
Aunque tuvimos que caminar mucho de regreso al autobús que nos llevaba de regreso al Fan Fest, fue sencillo regresar (¡y gratis! ¿Ya mencioné que nada le gana a gratis?). ¡Qué diferencia con los partidos en Joburg! Por cierto, mañana regreso a Johannesburg.
(Mientras escribo, se terminó la repetición del partido en la tele y están pasando un capítulo de la serie de Hércules, con Xena de invitada especial. ¡Qué barbaridad! No hay un sólo actor que merezca ser lllamado así. También los escritores, el director y los productores apestan. ¿Por qué tirarán el dinero así, de esa manera?).
Cambio y fuera.
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Sunday, July 11, 2010
Friday, July 9, 2010
Día 9
Hoy caminé mucho. Llegué al estadio del Fan Fest y, de ahí, caminé hacia el mar. Caminar en las calles no es cualquier cosa. Al principio, cuando llegué, sabía que los coches iban a aparecer por donde menos lo esperaba. Recuerden que manejan del otro lado de la calle. Entonces, antes de cruzar la calle, volteaba para los dos lados y después, volvía a voltear. Aún así, de repente aparecía un coche casi a punto de atropellarme. Poco a poco, como que medio me fui acostumbrando. Ahora, es un estado de confusión total. Por lo menos, al principio, sabía de qué lado NO venían los coches (es decir, del de siempre). Digo, es algo que ya damos por hecho. Nos acercamos al borde de la banqueta para cruzar y casi ni tenemos que voltear, sino nomás para cerciorarnos y ya. Últimamente, como que mi cerebro ya se hizo a la idea de que vienen del otro lado. Pero todavía no muy bien, así que ahora ya no sé muy bien de qué lado se supone que vienen y de cuál vienen en realidad, a menos que ponga mucha atención. Entonces, cruzar la calle se volvió, de algo automático, en algo que realmente requiere tu atención. Pero de repente se me olvida. Y yo que no quise sacar seguro médico antes de viajar. En fin.
Como no tenía mapa ni nada, caminé hasta que encontré una explanada muy grande, sobre una colina desde donde se ve muy bien el puerto. En la colina hay una pequeña pirámide, una bandera sudafricana enorme y un faro muy bien cuidado. También hay un centro de información para visitantes, donde me dieron muchos mapas y folletos y me vendieron uno con instrucciones para tomar mi propio tour caminando por los edificios más históricos de Port Elizabeth (o “P.E.”, como le dicen – pi i, en inglés). Se ve largo el tour, así que será para mañana.
Subí al faro y fue algo muy similar a subir al Ángel de la Independencia, sólo que, en lugar de ser una escalera en espiral angosta y eteeeeerna, son muchas como escaleras de mano muy bien empotradas y en perfecto estado. (“¡¿Que quuéééééé?! ¿Cómo que se puede subir al Ángel?” – Pues sí, gente, no es leyenda urbana. Vayan un domingo en la mañana con una identificación oficial y los dejarán subir. Se ve de pelos. Sólo tienen que levantarse relativamente temprano). Desde arriba del faro la vista abarcaba gran parte de la ciudad, que es más grande de lo que pensaba. De un lado, se veía a lo lejos la playa. De frente, el puerto. Del otro lado, más edificios, un pequeño lago, y el estadio. Muy buena vista, mucho viento, algo de frío.
Bajé del faro, fui al puerto y a la estación de trenes y me di cuenta de que no fue la mejor idea. De hecho, si alguna vez vienen acá, no se les ocurra andar solos por ahí. No es una buena zona, definitivamente.
De regreso, pasé por un lugar que ya había visto en otro lado y me había dado curiosidad: Se llamaba Budget Meat Butchers (o algo así), que significa Carnicería Económica. El asunto ahí es que compras la carne que quieres y ahí mismo te la asan. De hecho, el concepto de asar a la parrilla se llama braai. Así, con énfasis en la R. Brrraai. Y el eslogan es “We braai Ur meat 4 U while U wait” (Hacemos braai su carne mientras espera). Creo que me gasté como 35 pesos en dos chuletas y un trozo de wors. Así, sí queda para la tanda. Regresaré ahí también.
Finalmente, pasé a un super a ver qué compraba de postre y, en la zona de los pasteles, se me antojó algo llamado Milk Tart. Es una especie de pay de crema pastelera, pero de leche, cubierto de canela. También me volví fans. Y me costó como 9 pesos. ¿Ven? Más fans. Así debería ser todo.
¡Ah! Y el partido…
¡Qué diferencia! Ahora sí parecía Mundial. En el Fan Fest había como 8mil personas. Impresionante, comparado con el partido anterior. Y el ambiente estaba de pelos. Todo el mundo con banderas, sombreros, maquillaje, disfraces, etc. Hasta parecía que iban al estadio. Casi todos, con Alemania. Pero habíamos algunos que le íbamos a España. Muy divertido, en general. Y hacía menos frío. Entonces, fue una buena experiencia. Además, España ganó. Así que ya sé qué partido voy a ver el sábado: Uruguay-Alemania. Con tanta gente apoyando a Alemania, seguro va a estar más que bien.
Como no tenía mapa ni nada, caminé hasta que encontré una explanada muy grande, sobre una colina desde donde se ve muy bien el puerto. En la colina hay una pequeña pirámide, una bandera sudafricana enorme y un faro muy bien cuidado. También hay un centro de información para visitantes, donde me dieron muchos mapas y folletos y me vendieron uno con instrucciones para tomar mi propio tour caminando por los edificios más históricos de Port Elizabeth (o “P.E.”, como le dicen – pi i, en inglés). Se ve largo el tour, así que será para mañana.
Subí al faro y fue algo muy similar a subir al Ángel de la Independencia, sólo que, en lugar de ser una escalera en espiral angosta y eteeeeerna, son muchas como escaleras de mano muy bien empotradas y en perfecto estado. (“¡¿Que quuéééééé?! ¿Cómo que se puede subir al Ángel?” – Pues sí, gente, no es leyenda urbana. Vayan un domingo en la mañana con una identificación oficial y los dejarán subir. Se ve de pelos. Sólo tienen que levantarse relativamente temprano). Desde arriba del faro la vista abarcaba gran parte de la ciudad, que es más grande de lo que pensaba. De un lado, se veía a lo lejos la playa. De frente, el puerto. Del otro lado, más edificios, un pequeño lago, y el estadio. Muy buena vista, mucho viento, algo de frío.
Bajé del faro, fui al puerto y a la estación de trenes y me di cuenta de que no fue la mejor idea. De hecho, si alguna vez vienen acá, no se les ocurra andar solos por ahí. No es una buena zona, definitivamente.
De regreso, pasé por un lugar que ya había visto en otro lado y me había dado curiosidad: Se llamaba Budget Meat Butchers (o algo así), que significa Carnicería Económica. El asunto ahí es que compras la carne que quieres y ahí mismo te la asan. De hecho, el concepto de asar a la parrilla se llama braai. Así, con énfasis en la R. Brrraai. Y el eslogan es “We braai Ur meat 4 U while U wait” (Hacemos braai su carne mientras espera). Creo que me gasté como 35 pesos en dos chuletas y un trozo de wors. Así, sí queda para la tanda. Regresaré ahí también.
Finalmente, pasé a un super a ver qué compraba de postre y, en la zona de los pasteles, se me antojó algo llamado Milk Tart. Es una especie de pay de crema pastelera, pero de leche, cubierto de canela. También me volví fans. Y me costó como 9 pesos. ¿Ven? Más fans. Así debería ser todo.
¡Ah! Y el partido…
¡Qué diferencia! Ahora sí parecía Mundial. En el Fan Fest había como 8mil personas. Impresionante, comparado con el partido anterior. Y el ambiente estaba de pelos. Todo el mundo con banderas, sombreros, maquillaje, disfraces, etc. Hasta parecía que iban al estadio. Casi todos, con Alemania. Pero habíamos algunos que le íbamos a España. Muy divertido, en general. Y hacía menos frío. Entonces, fue una buena experiencia. Además, España ganó. Así que ya sé qué partido voy a ver el sábado: Uruguay-Alemania. Con tanta gente apoyando a Alemania, seguro va a estar más que bien.
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