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Friday, July 2, 2010

Desde Sudafrica. Dia 2

El día empezó muy temprano. Nuestro guía, Chris, pasó por nosotros a las 5.30am. Éramos 3: Alan, de Brasil, Nish, de Mauricio y yo. Después de un desayuno rápido en la tienda de la gasolinería de la esquina, emprendimos el viaje. Fueron como 2 hrs y media de camino, en total, pero tomamos tantas calles y carreteras diferentes, que difícilmente hubiéramos podido dar con el lugar por nuestra cuenta, aún con mapa e indicaciones.
Nuestro destino era Pilanesburg, una reserva natural de más de 55mil hectáreas. ¿Huh? O sea, ¿cómo? Eso suena a mucho, ¿no? Y fue precisamente lo que me respondió Chris, aclarando después que era, aproximadamente, un parque de unos 30 km de diámetro. No es el más grande ni el más famoso de Sudáfrica, pero tiene todo lo que los demás, con menos gente.
Yo creía que íbamos a estar ahí unas 2 o 3 hrs, máximo, pero realmente nos dedicamos a ver y a buscar a los animales. A diferencia de un zoológico, o de Africam Safari, aquí los animales no están limitados a un área en específico, ni los alimenta el personal del parque. Pilanesburg es una reserva autosuficiente, donde los animales de caza (como leones, hienas o cocodrilos) consiguen sus propias presas. Por lo mismo, está prohibido bajarse del coche mas que en zonas de seguridad específicas. Empezamos viendo jirafas, impalas y rinocerontes. Después, junto a una pequeña laguna, había un elefante muerto y dos leones muy cerca, que cuidaban lo que sería su reserva de carne (el elefante) por las próximas dos semanas. Olía bastante fuerte a animal muerto, lo cual atrajo también a algún chacal que alcanzamos a ver. Seguimos tomando fotos de cebras, hipopótamos, elefantes y facoqueros (warthogs) – que cualquier niño reconocería como “Pumbas” – y varios tipos de ganado bovino (algo como vacas) y springboks (como venados).
Nuestro guía sabía muchísimo, como qué árboles son venenosos, cómo encontrar guaridas de alacranes y arañas, por qué el rinoceronte blanco no es blanco y el rinoceronte negro no es negro, cuánto puede llegar a comer un león, nos enseñó a diferenciar el olor del excremento de elefante (y que sirve para encender fogatas y ahuyentar insectos) del de hipopótamo (que no huele a nada), cómo marcan las hienas su territorio, y un largo etcétera.
La anécdota del día fue que, ya camino a la salida (y diez minutos antes de que cerraran la reserva), al salir de una curva nos topamos de frente con una familia de 3 rinocerontes: mamá, una hija “pequeña” y otra no tan pequeña. Casi chocamos con la mamá – que se alteró un poco – ya que en ese momento decidieron tomar el camino frente a nosotros. Así que fuimos lentamente detrás de ellos, esperando que despejaran el camino, mientras las “niñas” jugaban con sus cuernos y se molestaban mutuamente. Por supuesto que, cuando se quitaron del camino y avanzamos rápidamente hasta la puerta, ya la habían cerrado, así que tuvimos que ir hacia la más cercana (a 12 km por un camino de terracería). Pero no hubo mayor problema, salvo que tuvieron que ir a abrirnos la reja, y salimos ya completamente de noche.
No recuerdo la última vez que vi tantas estrellas ni creo haber visto alguna vez la Cruz del Sur o identificado tan claramente a la constelación de Escorpio. Fascinante contemplar un cielo tan diferente del podemos ver (a veces, claro) en el hemisferio norte.
Ya de regreso en Joburg, se nos antojó probar algo de lo que habíamos visto, así que fuimos a un restaurante que nos recomendaron donde podríamos probar la carne de springbok (el venadito de acá arriba). Pero, cuando lo ordenamos, dio la casualidad que se les había terminado. Definitivamente, tiene que ser muy buen venado. Regresaré.
Mañana toca un tour por Soweto, uno de los barrios más históricos y representativos de Joburg.
Me URGE conseguir acceso a internet. En el hostal nos dijeron que tenían, pero nomás no jala su red. Mañana tendré que ir a un café internet que está cerca de una tienda de Magic, aquí a la vuelta.

1 comment:

FerGil said...

Va estupenda la reseña! Muuuuchas gracias, master Rubenz