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Saturday, July 17, 2010

Día 16

Museo del Apartheid. Me lo habían recomendado mucho y es parte de la historia moderna de Sudáfrica. Fui con Simon, de Inglaterra y resultó que la mejor forma de llegar era en taxi, así que compartimos el gasto. Resultó que el museo está justo enfrente de Gold Reef, el casino donde habíamos ido a ver el partido de Holanda-Brasil. Primero pensé que, de haber sabido, hubiera hecho el recorrido antes del partido. Pero no, fue mejor así, dedicar dos días para actividades no sólo cultural sino anímicamente diferentes.

El museo fue muy interesante. Mi única queja es que fue demasiada información. Obviamente el gobierno quiere que consideres cada aspecto de la vida de Mandela (Madiba, como le dicen allá), por minúsculo que sea. Pero es demasiado. No recomiendo saltarse la visita al museo, pero sí tomárselo más a la ligera.

La tele en este país es de lo más rara. Hay como 5 canales en la tele abierta y casi siempre hay alguno con programas en afrikaans (lo que hablan los blancos) o en zulu (lo que hablan la mayoría de los negros en esta zona). Lo extraño es cuando te encuentras con algunos programas en zulu e inglés, al mismo tiempo. Normalmente son telenovelas, donde hablan algunas frases en zulu y otras en inglés, de una manera notablemente aleatoria, al parecer. Entonces, aunque las frases en zulu están subtituladas al inglés, el resultado es una sensación muy extraña de medio haber entendido.

Ya no he mencionado nada acerca de las posibilidades de morir atropellado en este país porque, simplemente, es algo que sucede TOOODOS los días. Sigo (y probablemente seguiré) sin acostumbrarme a que los coches lleguen por donde menos lo esperas. Digo, antes de cruzar, volteas hacia un lado, luego hacia el otro y, justo cuando bajas de la banqueta, lo vuelves a hacer. Aún así, es de lo más común que pase alguna combi despeinándote las pestañas, aparentemente materializada de la nada. Qué confuso.

Para finalizar el día y para no gastar mucho en la noche, fui por algunas cervezas a la vinatería y nos las tomamos en el hostal. Con estos precios, hay que economizar en todo. Obviamente, me encontré otra vez ese vino local, sin etiqueta, muy barato (R20). Seguía viéndose sospechoso, pero, eso ¿qué? Total, no estuvo nada mal.

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