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Saturday, July 10, 2010

Día 10

Yo creo que la característica más notoria de Sudáfrica es, definitivamente, su gente. Todos son felices. Y no sólo la gente con dinero. Me refiero a toda la gente. No importa sin son pobres o no, siempre encuentran algo de qué sonreír. Y cantan mucho. Y bailan, también. Los niños juegan con lo que sea que tengan a la mano. Aunque alguien vaya caminando solo, es muy común oír que esté tarareando una canción. Y, prácticamente cada que te cruzas con alguien en la calle, si volteas a mirarlo/a, te va a saludar. Realmente, de hacerse notar.

(Mientras escribo esto, escucho gente en la calle soplando sus vuvuzelas y una como banda de guerra, pero con canciones alegres.)

También, por todos lados, está la bandera de Sudáfrica. Digo, es de esperarse, siendo el mundial y todo eso. Hasta la cajita de unicel donde me dieron una Milk Tart tenía forma de balón.

Como Glenis, la dueña de la casa, está en sus últimos días de vacaciones, quiso aprovecharlos y me preguntó si quería que me llevara en un tour por la costa. ¿Ya mencioné que es muy amable? (¿Y muy redonda?) Tiene como 60 años y es maestra de primaria. Obviamente dije que sí, así que fuimos primero a recorrer algunas de las calles por las que ya había caminado y después salimos de P.E. por la carretera costera. No toda la costa son playas de arena finísima, sino también hay muchos riscos y playas de rocas. Pero hasta esas playas son bonitas. Eso sí, el agua está muy fría.

Después de un par de paradas en diferentes playas, fuimos a un restaurant en un pueblito junto al mar, en medio de la bruma, para tratar de ver delfines (que Glenis ya había visto varias veces). Cuando le preguntó a la mesera si desde ahí se veían, le contestó que sí.
- “¿Y, qué tan frecuentemente los ves?”
- “Mmmh… todos los días. A esta hora, hasta ballenas se ven.”
Por supuesto que no dejamos de ver hacia el mar. Pero no hubo suerte. Con todo y que se levantó la bruma y teníamos una vista inmejorable, ni delfines ni ballenas por ningún lado. Buuu…

Todo el camino de regreso fue por carreteras secundarias. Había muchísimas granjas, muy parecidas a las que hay en el campo en Estados Unidos. Me llevó también a ver el barrio pobre de P.E. que, aunque parecido al que vi en Soweto, en Joburg, tenía mejores condiciones de vida que aquél. La verdad, tampoco nos adentramos mucho. Ya era de noche y nadie quiere estar ahí a esas horas.

Cuando regresamos a su casa ya hacía hambre. Justo cuando estaba preparándome para ir por algo de comer, llegó una de sus amigas maestras y me preguntaron si quería ir a cenar con ellas. De lo más amables. Así que fue una velada super tranquila con dos señoras muy platicadoras. Aprendí mucho de la historia de Sudáfrica. Como cuando, durante el apartheid, la gente realmente no sabía qué tan grave era la discriminación, porque el gobierno sólo dejaba que supieran lo necesario y cómo las cosas cambiaron cuando todo el país, negros y blancos, se unió gracias a Nelson Mandela. Y blablablá.

Fue un día tranquilo y muy fotográfico.

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